CRÓNICA DE LA COCHURA EN EL HORNO ÁRABE DE LA "FAMILIA TITO". ÚBEDA.
Recuerdo mi primer viaje a Úbeda y Baeza en noviembre del 1999, último año del siglo XX. En aquella época, pasaba por un problema personal y no los disfruté como merecía. Siempre dije que volvería, para vivir ambas ciudades con alegría y de alguna manera, poder quitarme esa espinita clavada en mi corazón.
Con la llegada del siglo XXI empecé a recorrer el mundo y no fue hasta el año 2023, cuando el destino me dejó volver. Habían pasado 24 años.
En mis redes sociales, publicada el 27 de marzo de 2026, comentaba unas pinceladas de lo que había sido una experiencia única: vivir junto a la familia Tito y amigos/as, la cochura de piezas de cerámica realizadas artesanalmente por Paco, Pablo y Tito (abuelo, padre e hijo) en su horno árabe.
Hoy, una vez más, continúo dando las gracias a la vida por seguir permitiéndome hacer realidad otro sueño y disfrutar de otra maravillosa #LaPrimeraVez.
En mi primer viaje de formación a Úbeda, en noviembre de 2023, fue la primera vez que fui al Museo de Alfarería Paco Tito y tuve la inmensa suerte de conocer a Paco y a su hijo Pablo. Me quedé con ellos toda la tarde y salí plena de alegría. A mi partida, les prometí que cuando volviera de nuevo a Úbeda, los visitaría. Así recogía algunas pinceladas de este viaje y mis experiencias en Facebook y en mi canal de YouTube.
Carpeta con algunas imágenes de ese día.
Justamente un año después, en noviembre de 2024, volví a realizar otra formación a Úbeda. En esta ocasión, iba con una agenda muy apretada y me quedé con las ganas de ir a saludarlos, aunque sabía que en el mes de enero, volvería a verlos. Así recogía este viaje también, en mi Facebook.
En enero de 2025, volvía nuevamente a Úbeda a continuar con las formaciones. Y en esta ocasión, ya tenía marcado un tiempo para volver al Museo. Nuevamente, tuve la alegría de compartir mi tiempo con Paco y Pablo. Junto a ellos, el tiempo se para. Sus manos en el barro, sus miradas, sus sonrisas, sus palabras... todo invita a la calma, a querer quedarse, a no tener ganas de partir. Así lo recogía una vez más en Facebook y en YouTube.
En mi primera visita conocí bien el Museo y me fascinó su horno árabe. En ambas ocasiones, Paco y Pablo me habían hablado mucho de como ponen en marcha ese horno y hacen la cochura. También me habían invitado a compartirla con ellos, alguna vez.
En las dos últimas ocasiones de la cochura en el horno, no había podido acudir a esa cita. Por eso, cuando el día 2 de marzo Pablo publicaba en sus redes que el día 13 de marzo harían una nueva cochura, miré rápidamente mi agenda y cuando vi que ese fin de semana lo tenía libre, no dudé ni un segundo en que a la tercera, el destino me iba a llevar por fin, a disfrutarla.
Así pues, el destino había querido que no hubiera sido posible disfrutar de este ritual que supone la cochura, hasta este pasado viernes 13 de marzo cuando el abuelo de Pablo cumplía 117 años.
Remiraba mi agenda para asegurarme de poder asistir y eso me llenaba de alegría. Como pude, fui sorteando los inconvenientes de la ida (no funcionaba el tren de media distancia) el alojamiento, etc.
Pero, cuando uno quiere y desea tanto algo, parece que la vida se encarga de encajar las piezas del puzle. En este caso, tuve la mayor de las alegrías, al poder ir acompañada con mis queridos amigos Fe Oteo, Jose y José Manuel Fototriana.
Compartir con Paco, Pablo y Tito y todas las personas que hemos conocido allí durante las mas de 24 horas del viernes y del sábado, ha sido una experiencia inigualable que aún sigue en mis retinas y en mi corazón y que jamás voy a poder olvidar.
Hice muchas fotos y vídeos. Algunas ya las publiqué en mis redes sociales y en mi canal de YouTube. Espero y deseo poder mostrar todo el esfuerzo y el genial trabajo que supone hacer la cochura y mi intensa felicidad de compartir con ellos, esos momentos tan especiales.
Quiero felicitar y dar la enhorabuena a toda la familia, por su hospitalidad, interés, atenciones, cariño... mostrado en todo momento. Gracias Paco, Pablo Tito y Tito.
CRONOLOGÍA DE LA COCHURA.
La noche del jueves 12 de marzo estaba tan nerviosa que casi no pude dormir. Me levanté a las seis de la mañana y ya con la maleta preparada y mi cámara réflex lista, esperaba a mis amigos, para salir a las 7 en punto de la mañana, camino de Úbeda
Nos pusimos en marcha y el día nos ofreció un bello amanecer. Pasamos los kilómetros en amena charla, entre risas y planes para hacer durante todo el fin de semana que teníamos por delante.
Aunque mis amigos son mi familia, hasta ahora, nunca habíamos viajado con un destino concreto a pasar juntos varios días. Estaba muy ilusionada también con esta #LaPrimeraVez.
Pasamos Córdoba y paramos en un bar de carretera en un pueblo cercano, para descansar un poco y reponer fuerzas degustando un rico desayuno.
A las 12 del medio día ya estábamos instalados en nuestro alojamiento en el centro de Úbeda. Un apartamento muy coqueto, que íbamos a compartir todo el fin de semana.
Dejamos las maletas y nos encaminamos al Museo. El horno lo habían preparado minuciosamente el día anterior. Yo seguía entusiasmada, todas las publicaciones que Pablo iba realizando en sus redes sociales. Con cada una de ellas, me ponía más emocionada e impaciente.
Como yo me sabía muy bien el camino hasta llegar al Museo, llegamos bastante pronto. La alegría fue inmensa, cuando a una de la tarde, volvía a encontrarme con Paco, Pablo y por fin, conocer a su hijo Tito. Los saludos, los abrazos, presentar a mis amigos y ya dispuesta a hacer las primeras fotos, inmortalizando esos momentos tan esperados y soñados por mí.
Me llamó mucho la atención la pared que tapaba la entrada al horno que aún estaba con el barro húmedo. El horno lo habían encendido a las 9 de la mañana y estaban echando leña. Todos mis sentidos estaban hipnotizados por la escena que veía. El olor, el color, el sonido, el calor... atención plena en esos momentos frente al horno.
Enseguida, Paco y Pablo me comentaron todas las tareas que estaban haciendo. Como siempre, con sus grandes sonrisas y sus ojos brillantes e iluminados por la nueva cochura.
Yo observaba a las personas que estaban allí y la calma que se respiraba en ese espacio del museo, que yo había retratado con tranquilidad y en silencio, la primera vez que lo visité. Siempre recordaré lo que sentí al entrar en él y como voló mi imaginación, imaginándolo lleno de arte durante la cochura.
Minuto a minuto, yo seguía toda la actividad y resolvía todas las cuestiones que me asaltaban que, con lo curiosa que soy y lo que me gusta aprender, eran muchas.
Me gustaba ver cómo echaban los troncos de leña y tuve la alegría de poder tocar con mis manos los granos de los huesos de aceituna triturados, que serían los protagonistas en la madrugada. Paco me animó a coger entre mis manos un "puñaito" y echarlo al fuego. Por si no lo sabes, esta palabra viene de "puñadito" que es el diminutivo de "puñado", refiriéndose a una cantidad pequeña de algo que cabe en el interior de la mano cerrada.
Tuve tiempo de subir a la azotea y fotografiar el paisaje y el horno aún de color gris, con las 8 "bocas" abiertas y la central, bastante grande, en la que se podían ver algunos de los platos apilados en la parte de arriba del interior del horno. También fotografié algunas de las creaciones que estaban allí, imaginando el color que podrían tener al finalizar la cochura al día siguiente. Con alegría, me hice algunas fotos para el recuerdo.
Una vez más, me recreé con todas y cada unas de las obras que hay en la terraza y animé a mis amigos a visitar todas las estancias del taller y del Museo. Pasadas las dos de la tarde, me despedía de ellos hasta la madrugada.
El tiempo que estuvimos allí, corrió veloz como siempre y llegó la hora de irnos. Mis amigos se fueron a almorzar y yo aproveché una vez más, para quedar a comer con mi querido amigo Paco, que este curso trabaja en el CEP de Úbeda. El almuerzo fue genial. Luego, pasamos la tarde de paseo y charlas, mientras esperábamos a Raúl, con el que fuimos a tomarnos una rica merienda.
Por la tarde-noche yo estaba muy cansada y el sueño ya hacía mella en todo mi cuerpo. Así que, después de cenar me fui muy pronto a dormir. Rendida, me dormí pronto y a las 5 de la madrugada, ya estaba levantada para seguir viviendo esta gran experiencia.
La noche estaba fría. A esas horas de la madrugada no nos encontramos a nadie por las calles. Todo estaba en silencio. Hicimos el mismo recorrido que habíamos hecho en la mañana anterior, hasta llegar al Museo.
Antes de las seis de la mañana estábamos entrando por la puerta de atrás del Museo. La actividad no había cesado desde el día anterior por la mañana. A esa hora estaban echando, a un ritmo acompasado y armonioso, con el platito destinado a tal fin, los huesos de aceitunas triturados. Por la mañana, yo había tenido la suerte de tener en mis manos, un par de platitos muy antiguos y muy utilizados en las cochuras de antaño.
Al llegar frente al horno me llamó mucho la atención, como estaban poniendo barro en algunos lugares de la pared que cerraba el horno, ya que ésta tenía que quedar perfectamente sellada.
En la oscuridad de la noche era impresionante ver los rojos chorros de calor que salían por las distintas bocas del horno y sobre todo, por el centro. Al principio, se podían ver los chorros rojos que salían por todas ellas. (Las dos fotos que veis a continuación, no son mías. Están publicada en las redes sociales de Pablo y pertenecen a sus autores)
Cuando yo llegué y subí a la azotea, la negra noche se iluminaba intermitentemente, a tiempos concretos perfectamente controlados, con colores rojos alucinantes y únicos, producidos al echar los trozos de los huesos de aceitunas (orujo). Ya habían cerrado tres de las bocas. Poco a poco, fueron cerrando demás, hasta quedar abierta sólo la central.
Hacía frío y la mayoría de las personas que estábamos allí a esa hora, íbamos muy abrigados, aunque en cuanto nos acercábamos un poco a uno de los chorros de calor, nos quemábamos y nos teníamos que alejar. Para mí, era una sensación nueva e indescriptible, que nunca había experimentado antes.
Curiosamente, Pablo y Tito no iban abrigados y parecían no tener frío. Era normal. Ellos estaban todo el tiempo junto a ese torrente imparable de calor. A ello se unía en intenso humo negro que el viento desparramaba a boconadas, en distintas direcciones, que conseguía dejarnos sin respiración y hacer que nos alejáramos. Yo me puse una mascarilla que siempre conservaré como recuerdo de esa noche y que está bastante negra.
Abajo, el ritmo acompasado seguía alimentando el fuego. El conteo de los platitos de los granos triturados que echaban, despertaba mi curiosidad. El sonido era único y los matices de colores de las llamas, formidables. A mí me tenía hipnotizada. Parecían cuadros maravillosamente pintados por un gran artista. Diversidad en estado punto. No pude controlarme y me puse "compulsiva" haciendo muchas fotos. Éstas son sólo unas cuántas de ellas.
A medida que echaban los platitos, las llamas se hacían más grandes, el sonido era maravilloso y el calor salía a raudales por las lugares que aún estaban abiertos. Esperar quieta en la azotea a verlo salir, era muy emocionante.
Poder hacer fotos y grabar los sonidos en vídeo, fue una inmensa fortuna, ya que ahora siempre que quiera oírlos podré hacerlo. Vídeo.
A cada rato, subíamos a la azotea. Paco, Pablo y Tito con linternas en las manos, miraban con ojos sabios de experiencia y con miradas curtidas por el tiempo, si la cochura iba bien por todos los lugares. Cuando se aseguraba de que ya estaban en su punto, cerraban otra boca.
Todas las personas presentes, estábamos encantadas y alucinadas de ver aquél prodigio ante nuestros ojos. La experiencia de la familia Tito era fantástica y la seguridad con la que manejaban la situación, impresionante. Además, en todo momento mostraban unas ganas enormes de hacernos participar y de que aprendiéramos todo lo relacionado con cada momento en particular y con la cochura, en general.
Reconozco que yo, a ratos, estaba tan ensimismada mirando que perdía la noción del tiempo y hasta se me olvidaba hacer fotos.
Hablando de fotos... durante esta cochura, han seguido grabando un documental que están haciendo y al que ha sido un verdadero lujo, poder asistir. Escuchar a Paco, Pablo y Tito contar tantas reflexiones, vivencias, experiencias... me tenía muy atenta y feliz.
¡¡¡Ojalá pronto podamos disfrutarlo terminado!!!
También aprovecharon para realizar reportajes fotográficos.
Los turnos alimentando el horno, no cesaban. Se turnaban con alegría. Cuando el día empezó a clarear, el humo que nos envolvía se veía más intensamente negro.
Pasado el tiempo, llegó el momento en el que sólo estaba abierta la boca central, sobre la que colocaron un cilindro de metal.
Era muy curioso observar las obras de la azotea teñidas ya, de una fina capa negra por el humo, como yo había imaginado la mañana anterior.
Fue muy emocionante ver como con un gancho de hierro, sacaban el primer plato de la cochura que estaba arriba del todo, para ver si ya estaba en su punto. Padre e hijo comentaban cómo lo veían, mientras yo no perdía ni un detalle. Recuerdo que al acercar la mano al plato a bastante distancia, ya tuve que retirarla porque el calor que desprendía era demasiado intenso. Vídeo.
Las bajadas a ver avivar el fuego y la subida a la azotea, se sucedieron. Paco y Pablo sacaron varios platos más. Vídeo.
Cuando ya lo dieron por correcto, bajamos todos/as a cerrar el horno. Un momento muy esperado y emotivo en el que Paco dijo una bellas palabras y volvió una vez más, a hacer la cruz con barro, encima de todas las que ya estaban hechas de las cochuras anteriores. Vídeo.
El silencio y la emoción llenaron el lugar mientras éramos conscientes de la importancia de ese momento culminante, después del esfuerzo de unas 30 horas sin dormir, de los meses de trabajo para tenerlo todo preparado...
Una vez cerrado el horno, todos/as lo celebramos. Eran las 11,30 de la mañana, cuando yo me despedía de toda la familia, con una emoción grande y mucho cariño. Había tenido la inmensa fortuna de haber estado más de 5 horas compartiendo, por primera vez, algo único que superó con creces todo lo imaginado y mis expectativas, que eran muchas.
Otro sueño hecho realidad, de una forma inesperada y maravillosa.
El resto del día lo aguanté como pude, con la adrenalina a tope de tantas experiencias, vivencias y emociones. Me fui a dar una vuelta por otros lugares de Úbeda que siempre me sorprenden. Visité "La plazuela de la Judería", almorcé con mis amigos, ví un desfile de bandas de Semana Santa y compartí una rica merienda y charla, con un amigo de mis amigos, que le regaló uno de sus libros. Vídeo.
El domingo hicimos turismo por Linares, de camino de vuelta a casa. Paseamos por sus calles, plazas, la plaza de toro, el paseo de los toreros, el museo de Raphael y visitamos la Iglesia de Santa María la Mayor. En ella escuchamos a la Coral que cantada en la Misa de la Hermandad del Señor de la columna. Vídeo.
A mi vuelta, así recogía unas pinceladas de esta experiencia, en mis redes sociales.
Los días posteriores, apasionada como estaba, continué viendo todos los vídeos, fotos, reportajes... que Pablo compartía en sus redes y que recomiendo ver y seguir. Comparto algunos de ellos, porque son maravillosos.
.Que el Señor te quite lo que te sobre y te ponga lo que te falte.
.Desenhornar (v.): El momento de la verdad.
.Premio al Trabajo Autónomo de Andalucía en la categoría de Trayectoria Profesional.
.Crear una pieza de grandes dimensiones.
El día 15 de abril Pablo publicaba: "Los alfareros ubetenses Pablo TITO y TITO Martínez participarán en Milan Design Week 2026 como parte de la exposición “Today’s Masters Meet Tomorrow’s Talents”, uno de los eventos centrales del programa internacional Homo Faber Fellowship 2025/26.
Quiero terminar esta entrada dando las gracias, la enhorabuena y felicitando a esta gran familia de artesanos como a ellos les gusta llamarse y que para mí, son grandes artistas.
Una cochura muy especial para mí, por ser La Primera Vez que la comparto con ellos y para ellos, porque además en ella se ha cocido la obra que se ha estado exponiendo en Milán en la Casa degli Artisti, del 21 al 26 de abril.
Pablo volvía a publicar un excelente vídeo de cómo él y Tito habían decorado esa inigualable obra expuesta en tierras italianas y que yo espero tener la alegría de contemplar pronto, cuando esté de vuelta en su Museo, en Úbeda.
Por redes y muy contenta, he ido siguiendo todo lo relacionado con la exposición en Milán.
Os dejo algunos enlaces:
-Milán. 21 abril.
-Casa degli Artisti. 23 abril.
-Exposición en la Casa degli Artisti. 26 de abril.
Y como no puede ser de otra manera, yo seguiré con felicidad inmensa, todas las publicaciones, el presente y el futuro de la familia Tito, a la que tanto cariño le tengo y a la que admiro profundamente.


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