martes, 18 de enero de 2022

CRÓNICA 0. MIS INOLVIDABLES VACACIONES DE NAVIDAD EN CATALUÑA. 2021.

CRÓNICA 0. MIS INOLVIDABLES VACACIONES DE NAVIDAD EN CATALUÑA. 2021.

El año 2020 había sido para mí muy complejo y difícil. Los comienzos del 2021 también, aunque mis vacaciones de verano en el País Vasco y Cantabria, habían ido sanando mi alma y poco a poco, empezaba mi nueva vida.

Después de 16 años cenando las dos solas en Nochevieja, dando la bienvenida al nuevo año y celebrando el santo de mi mami Manuela juntas, este año se me hacía cuesta arriba afrontar en mi casa estos emotivos momentos.


Así que la propuesta de irme a Cataluña para estar con mis queridos amigos/as unos días y luego, viajar con algunas de ellas a Roma, para celebrar el año nuevo, me parecía una idea excelente.

La situación pandémica con la llegada de ómicron y las posibles consecuencias que pudieran acontecer en Roma, nos llevó a suspender el viaje a esa ciudad que aún no conozco.

Teníamos que replantearnos qué hacer en todos esos días por tierras catalanas. Yo tenía claro que me iría, a pesar de mi miedo a este maldito virus. 

Aunque ya conozco muchos lugares de Cataluña, porque mis amigos/as en estos años me los han ido enseñando, muchos son los que me quedan aún por conocer.

Este verano de 2022, hará 20 años de aquél mítico viaje que realicé a Túnez, en el que conocí a Maite y a Sonia. 

Luego, en el 2004, en el viaje a Turquía, conocí a Conchita, Jordi y Rosi. En esos años y en los posteriores, he ido conociendo a Carmen, Montse, Isabel, Nuria, Monseta, Javier, etc, con los que sigo manteniendo la amistad y el cariño.

Encontrarme con ellos/as, siempre es una inmensa felicidad y hacerlo después de algunos años, ha resultado muy emotivo y pleno de emociones.

EL VIAJE

Con mi maleta preparada, ésa que en el último mes y medio había viajado por Valencia, Alicante y Zaragoza por temas de formación, tomé el avión en el aeropuerto de Sevilla, el día 21 de diciembre. A las 8,20 de la noche, aterrizaba en Barcelona

Mi amiga Nuria me estaba esperando y juntas, sin parar de hablar y reír, llegamos a nuestro destino en Tarrasa, a las 10 de la noche. Ducha, cena y a dormir, que al día siguiente tenía que estar descansada.

A las 10,30 de la mañana, del miércoles 22 de diciembre, Maite llegó a recogerme. Nos dimos el "medioabrazo de pandemia" (como yo lo llamo) y pusimos rumbo a San Cugat del Vallés, un hermoso pueblo en el que ya había estado muchas veces antes, con ella y con su querido marido Juan.

El día estaba con una niebla muy cerrada, a la que allí llaman "llorona", ya podéis imaginar por qué. El frío también era intenso. 

Almorzamos en un coqueto restaurante en el que el pescado era muy bueno y en el que por primera vez, me pidieron y enseñé mi pasaporte COVID (yo estoy deseando que me lo pidan en todos los lugares y yo también voy a empezar a pedirlo cuando tenga que coger un taxi, ir a la peluquería...)

Dimos un pequeño paseo alrededor del monasterio que tanto me gusta y en el que siempre encuentro algo bello que fotografiar.

El resto de la tarde la compartimos en su casa. Las fotos del viaje a Túnez, en los ya amarillentos y obsoletos álbumes, nos llevaron a los momentos vividos, a los lugares y anécdotas que compartimos y que forjaron nuestra amistad. A algunas de esas fotos les hice una foto, para recordar cómo éramos hace casi 20 años.

Cuánta alegría de ver en esas imágenes a Juan tan contento y cuánta tristeza ahora, al tenerlo en el recuerdo. Mi última foto con él, la guardo como un tesoro.

El jueves 23 de diciembre, me recogió mi amiga Conchita y por la mañana, nos quedamos en Tarrasa. Ella tenía muchas ganas de que yo conociera la Masía Freixa, un edificio modernista. 

Dimos un paseo por algunas calles de Tarrasa, conociendo lugares por los que aún no había pasado. 

Me sorprendió mucho este edificio modernista y me gustó. Pero, como la mañana estaba fría y nublada, las fotos no tenían la magia que yo quería. Pero aún así, disfrutamos mucho fotografiando algunas perspectivas y rincones. Luego, nos fuimos a comer con su marido Jordi.


Por la tarde nos fuimos a Barcelona. Habíamos quedado en tomar un riquísimo chocolate en la maravillosa Casa Amatller, un edificio modernista, con otros amigos/as.

El reencuentro con Sonia, Ramón y su guapo hijo Aleix, después de tantos años sin poder vernos, fue maravilloso y muy emocionante. En el patio, al calor del rico chocolate, hicimos una tertulia plena de risas, recuerdos...

Al rato, llegó mi querida Rosi. El tiempo voló y casi sin darnos cuenta, estábamos haciéndonos un selfie delante de la Casa Batlló (Gaudí) con sus cambios de colores en Navidad y caminando por el adornado Paseo de Gracia.


La mañana del día 24 de diciembre la dedicamos Nuria y yo a descansar y hacer las compras para la cena de Nochebuena. Por la tarde dimos un paseo por otros lugares de Tarrasa, en los que descubrí algunas de las torres de las fábricas que aún se conservan.

Y llegó la hora de ponernos guapas y disfrutar de una rica cena para dos y del posadito navideño.

El día 25 de diciembre almorzamos en casa, acompañadas por Miguel, hijo de Nuria. El día estaba bastante bueno, así que por la tarde volvimos a la Masía Freixa que iluminada por el sol de la tarde, tenía unos bellos tonos. 


Luego, dimos un paseo por Sabadell, un municipio que no conocía. Me gustó la plaza del Ayuntamiento que estaba decorada de Navidad y en ella, el pesebre (como le llaman allí, a lo que nosotros aquí, en Andalucía, le decimos el Belén o el Nacimiento).


Visitamos la Iglesia de San Félix y también la de la Inmaculada, Cor de María.

Ambas estaban decoradas de Navidad y con el niño Jesús colocado en un lugar destacado del altar. En ambas me llamó mucho la atención los bancos en los que había unos cajoncitos con los libros de misa.


El domingo 26 de diciembre, me esperaba una gran sorpresa. Yo no conocía el maravilloso Hospital de San Pau de estilo modernista. Desde que llegué a la fachada de la entrada, ya estaba cautivada, sin saber dónde mirar y algo compulsiva con el tema de las fotos.

El día era espléndido con una luz maravillosa que resaltaba los volúmenes y los colores. La compañía de mi amiga Nuria, me hacía compartir todo lo que sentía y me hacía vivir junto a ella, cada rincón y su historia.

Estuvimos allí dentro casi tres horas, pero el tiempo pasó volando.





A la salida, recorrimos a paso rapidito, las calles que nos llevaban a la Sagrada Familia, junto a la que nos esperaban Rosi y Sergi

Ambos nos contaron mucha información sobre todo lo nuevo que se había construido durante los últimos tiempos. Nos fascinó la estrella que culminaba la Torre de María y que acababan de subir hacía pocos días. Ellos nos animaron a programar una visita a su interior.

Yo recordaba muy poco de cómo estaba la última vez que la vi por fuera y sí recordaba la fachada del Nacimiento que vi en mi primera visita a Barcelona en el año 1996. 

El lunes 27 de diciembre a las 10 de la mañana, mis amigas Maite y Montse me recogieron, para visitar Sitges

Un pueblo con encanto, con unas vistas desde la playa que me dejaron bastante rato anclada en el mismo lugar, contemplándolas. Luego, nos acercamos a la Iglesia de san Bartolomé y Santa Tecla con el mar saltando bastante alto entre las rocas.

Me gustaban sus casas, sus calles, su historia, descubrir bellos rincones y conocer algunas historias de sus costumbres y vida cotidiana.


 

Después de almorzar, dando un lago paseo, el cielo se fue convirtiendo en una bella estampa coloreada por nubes increíbles de tonos anaranjados, rosas, lilas... El mar se tintaba, también, de tonos rosas.




El martes 28 de diciembre Nuria y yo nos levantamos temprano. Teníamos por delante una larga y bella ruta que nos llevó a Cadaqués.

Nuevamente el tiempo era bueno, con algo de frío. Aparcamos el coche en un lugar que nos permitió ir andando a la casa de Dalí en Port Lligat y también al pueblo de Cadaqués.

Primero visitamos la Ermita de Sant Baldiri y el cementerio que está junto a ella. Me sorprendieron mucho las lápidas de algunas tumbas y un Cristo que está colocado en una de las paredes.



Luego, bajamos al pueblo por una estrecha calle cuyos muros estaban realizados con piedras. Maravillosa su Iglesia de Santa María y su retablo iluminado. Las vistas desde allí, son muy bonitas.

Recorrimos algunas calles y callejones estrechos, empinados, empedrados con lozas y piedras de pizarra, .en los que encontramos las puertas de las casas pintadas de colores y rincones que me gustaron muchísimo.


 

Las vistas del pueblo, desde distintos lugares, eran muy bellas al reflejarse en el mar. 


Después de degustar un rico almuerzo, pusimos rumbo al Cabo de Creus. Allí disfrutamos de unas maravillosas vistas, de los colores de las rocas y sus formas, de su faro...


 

Posteriormente, fuimos a visitar la casa de Dalí, pero sólo pudimos ver su jardín y toda la creatividad que emaba de él. Sus sillas, los huevos, las cabezas el Cristo de los escombros... 

Cada espacio y cada rincón, era una bella sorpresa y hasta el cielo, una tarde más, nos brindó otro maravilloso atardecer rosa, a la orilla del mar.

 

 




El miércoles 29 de diciembre por la mañana, dormí hasta tarde y descansé mucho. Después de almorzar, Nuria y sus amigas me llevaron a una "curiosa" visita: a la zona comercial La Roca Village

Por supuesto que no compré nada y entré en pocas tiendas, pero me quedé observando con curiosidad, las tiendas, los escaparates, los adornos navideños y a la gente que caminaba de una tienda a otra, cargada de bolsas. 


El jueves 30 de diciembre, nuevamente salimos pronto Nuria y yo, a hacer una nueva ruta. Primero visitamos en pueblo de Blanes.

Comenzamos tomando un riquísimo y calentito chocolate mirando al mar, en un lugar con mucho encanto.

Dimos un paseo por las calles del pueblo hasta llegar a la Iglesia de Santa María. No pudimos visitarla como nos hubiera gustado porque había dos entierros.

De allí, fuimos a la Ermita. Pude disfrutar mucho del paseo por sus calles, con algunas puertas antiguas, los aldabones... 


Luego, subimos a Sa Palomera. Las vistas me tenían atrapadas y los colores y caras que encontraba en las rocas, también.

El día estaba muy bueno y caluroso. Algunas personas disfrutaban en la playa tomando el sol y bañándose. El rico almuerzo en Sa Malica contemplando Sa Palomera, nos hizo recobrar fuerza y energía.



Tomamos rumbo a Figueras. A las 4,15 comenzábamos nuestra visita al Museo de Dalí que tantas ganas tenía de conocer.

No puedo describir con palabras los sentimientos y emociones que sentía al estar rodeada de tanta creatividad y arte. No sabía dónde mirar y perdía la noción del tiempo mirando cada cuadro, pintura, dibujo, escultura... Estaba compulsiva tomando fotos con mi cámara. 






Allí se nos hizo de noche y disfrutamos viendo el museo por fuera iluminado. También visitamos la Iglesia de San Pedro.

El viernes 31 de diciembre dedicamos la mañana a las compras y la tarde a descansar y preparar la cena y las uvas. Esa noche la compartimos con Miguel y juntos, le dimos la bienvenida al nuevo año.

El lunes 1 de enero salíamos a las 10 de la mañana Nuria y yo, para Barcelona. Otra maravillosa visita nos esperaba. A las 11,45 comenzamos la visita de la Sagrada Familia.

Por fuera ya la había visto de lejos unos días antes, pero ahora, tenía la oportunidad de ver de cerca sus puertas, las figuras de las fachadas, detenerme en todos los rincones... y al atravesar la puerta hacia el interior, mi imaginación empezó a volar desbordada. 

 

 

En los primeros minutos, no sabía hacia dónde mirar. Así que me paré, me centré en una vidriera y a partir de ahí, comencé con paso corto y girando mi cuello como si fuera un telescopio, a recorrerla con calma. Disfrutando de su grandiosidad, hermosura...




Aún tuve que esperar más de una hora, para que el sol se filtrara por las vidrieras y los reflejos de colores, pintaran parte del techo y las columnas, de unas tonalidades maravillosa.


Cuánto disfruté en esas dos horas que estuve allí, tanto por dentro como por fuera, buscando motivos concretos, fotografiando ángulos diferentes...

El domingo 2 de enero vinieron a recogerme mis amigos Sonia, Ramón y su hijo Aleix. Teníamos muchas ganas de estar juntos todo un día y compartir viaje, fotografías y muchoooo cariño.

Durante el viaje fuimos riendo, contando historias y anécdotas de estos años en los que no nos hemos podido ver. 

Al fin, llegamos a nuestro destino: la Reserva Natural de la Fageda d´en Jordá que crece sobre la colada del volcán del Croscat.

Un lugar que yo ni sabía que existía, hasta unos días antes. Mi amiga Maite me había hablando de él y me había señalado esa zona, en el mapa. Mis amigos lo conocían perfectamente porque habían ido muchas veces, pero siempre en verano.

Los tonos de la Fageda en invierno eran bellísimos. El suelo estaba totalmente cubierto de hojas secas de tonos marrones, que parecía una auténtica alfombra. El olor, el sonido de las hojas al pisarla, el viento entre las ramas... todo era un placer infinito.

Las bellas estampas que mostraba este paisaje a cada recodo, nos gustaban tanto, que caminar decenas de metros nos llevaba mucho tiempo. Nos gustaba hacer fotos al paisaje y otras de recuerdo y sobre todo, disfrutarlos juntos.


Observar desde allí los Pirineos nevados, fue otra bella imagen que siempre permanecerá en mis retinas y en mis fotos.

Luego, pusimos rumbo al pueblo medieval de Besalú. En este maravilloso pueblo disfrutamos mucho con su puente, sus calles, el Monasterio de San Pedro, los baños judíos que estaban cerrados... Nos imaginamos muchas historias, que podían haber ocurrido allí, en otros tiempos.




Degustamos un rico almuerzo en una terraza que daba al río. El tiempo corría rápido y sin detenernos mucho más, pusimos rumbo al Lago Bañolas.

Salimos de Besalú con un tiempo bueno y un atardecer rojizo que me encantaba y que esperaba encontrar en el lago, al que yo llamo cariñosamente "el lago de Tino Soriano", por las maravillosas fotos que él hace de ese mágico entorno, muchos días del año.

Pero, a medida que nos acercábamos, la niebla y las nubes ocultaron el azul del cielo y los colores del atardecer. 

Rodeamos el lago en coche y luego dimos un paseo alrededor. La tarde gris, para mí, se quedaba desdibujada, ante la expectativa y la ilusión que me hacía verlo iluminado por el bello atardecer.  Pero aún así, lo disfrutamos mucho, aguantando un frío intenso. 





El lunes 3 de enero, a las 10 de la mañana, mis amigos Conchita y Jordi vinieron a buscarme. El día amanecía nublado y frío. 

Nuestra primera parada fue para visitar el Acueducto de les Ferreres, llamado  el Puente del Diablo. Toda una sorpresa para mí, que nunca había escuchado hablar de él. Me encantó acercarme y recorrerlo con calma.


Luego, llegamos a la ciudad de Tarragona. La primera vista desde el balcón del Mediterráneo, desde el que se veía el mar con sus matices de colores y el sol queriendo ya, abrirse paso entre las nubes.

Maravilloso el Conjunto arqueológico de Tarraco que está declarado Patrimonio de la Humanidad. 

Caminar por sus calles y descubrir el latir cotidiano, con sus edificios, rincones, su catedral, el mercado etc, era maravilloso.






Fuimos a ver el Castillo de Tamariz, pero no pudimos acceder a él, así que nos fuimos al pueblo Torredembarra. Allí disfrutamos de otro inigualable atardecer en tonos rojos, anaranjados, rosas, lilas...






El martes 4 de enero me levanté tarde e hice mi maleta. En ella metí mucho más que ropa y algunos recuerdos: tiempo compartido, vivido y sentido, emociones, sentimientos, cariño, amistad, alegría, felicidad...

Luego, el último abrazo a Nuria en la puerta del aeropuerto y con los ojos brillantes por la emoción y las lágrimas de alegría, entré, facturé mi maleta y volé a Sevilla.



No puedo estar más contenta con este viaje y con mis amigos/as. Gracias siempre por quererme, por mostrarme y demostrarme lo importante que soy para vosotros/as y por dejarme que os quiera tanto!!!






...CONTINUARÁ...